domingo, 2 de septiembre de 2012

Primera Etapa del Duelo


1. AFLICCIÓN AGUDA
Se inicia en el momento de la pérdida y tiene prácticamente todos los elementos de un estado de shock emocional. Sin ser rígidos en la duración de este período, pues cada persona lo hará según su propio tiempo y estilo, su duración aproximada es de uno a tres meses. Sus características más sobresalientes son:

Incredulidad
Se trata de una de las primeras respuestas a la pérdida: la persona no cree lo que le está pasando, es una pesadilla, lo perdido está en otro lugar, esto no puede pasarle a él, es un error. Debido a que no es obligado ni preciso aceptar “de una vez” tan dolorosa realidad, la persona se moverá entre períodos de aceptación y de negación, según ella considere oportuno o necesario para su nivel de angustia.

Anulación psíquica
Fenómeno temporal en donde la capacidad de comprensión se ve alterada y la persona, para su interacción con el medio, está sujeta a los estímulos que le aportan sus sentidos (en términos coloquiales “se cierra el entendedero”, no coordina); de esta forma, la memoria sensorial (particularmente la visual y auditiva) no sólo está bien conservada sino muy activa, y acompañada de una hipersensibilidad a la comunicación no verbal (la que viene de los gestos, postura, tono de la voz, etc.).

Confusión e inquietud
El impacto de la pérdida deja al deudo aturdido y confundido, con sensación de entumecimiento, anestesia emocional y desorientación: con frecuencia no sabe qué hacer, dónde acudir, a quién consultar o dónde estar. Puede moverse de un lado a otro sin sentido, mostrarse inquieto, utilizando el movimiento como estrategia para descargar ansiedad y angustia.

Oleadas de angustia aguda
Se trata de pequeñas crisis de gran angustia que se presentan varias veces al día, duran unos minutos y suelen ser disparadas por recuer­dos de lo perdido. Sus características más llamativas son: sensación de ahogo y de vacío en el abdomen, opresión en el pecho, debilidad muscular, sofocos, agita­ción, llanto, activida­des sin objeto y preocupación con la imagen de lo perdido. Pueden llegar a ser tan dramáticas que la persona tenga sensación de muerte y se vea en la necesidad de buscar asistencia médica. Este fenómeno ayuda a entender el porqué una persona en duelo puede mostrarse en ocasiones aparentemente “serena” y al momento angustiada, y variar así a lo largo de los primeros días o, más adelante, cuando una de estas oleadas se presenta coincidiendo con una fecha o evento significativo. Al tratarse de una respuesta de los primeros días, su presencia posterior puede sorprender al deudo y a aquellos que le rodean, dándoles la falsa sensación de que se trata de un “retroceso” en su proceso de duelo.

Despersonalización-desrealización 
Sensación que tienen las personas de que el mundo no es real, que parece falso, brumoso, lejano, o como si lo vieran a través de un velo; otras dicen ver el mundo como si vieran una película; se sienten raros, como si les hubieran cambiado; no comprenden lo que pasa, todo parece extraño, irreal; oyen lo que se les dice y no lo entienden, y sienten todo como lejano; pueden ver las cosas incoloras, desteñidas y lejanas. Es frecuente y suele ser transitorio.

Pensamientos obsesivos
Repetición mental constante, a modo de imagen fotográfica, de los eventos que condujeron a la pérdida. Al tratarse de un estímulo negativo (doloroso, angustiante), una estrategia que ha mostrado ser útil a los deudos es la de oponerle otro estímulo de tonalidad contraria, es decir, muy positivo (p.ej., una de aquellas imágenes o fotografías que suscitan una sonrisa o un gesto muy tierno sólo al verlas) y que la persona debe llevar con ella para cuando se presente uno de estos pensamientos obsesivos. Cuando lo perdido no es evidente, estos pensamientos son sustituidos por “fantasías obsesivas”, las cuales pueden llegar a ser más angustiantes que la propia imagen real.

Síntomas físicos
Aunque no son de obligada presencia, si que pueden presentarse uno o más de ellos al mismo tiempo. Se relacionan con la activación de los ejes neural y neuroendocrino. Entre ellos están: sequedad de boca y mucosas, respiración suspiran­te, debilidad muscular, llanto, temblor incontrolable (particularmente en manos), perplejidad, tras­tornos del sueño y del apetito, manos frías y sudorosas, náuseas, aumento de la frecuencia urinaria, diarrea, bostezos, palpitaciones y mareos.

Otras reacciones
Pensamien­tos negativos sobre el futuro, desesperanza, revisión negativista o pesimista de la vida, fantasías de suicidio, sensación subjetiva de ten­sión y/o de haber sido sobrepasado por las circunstan­cias, respuestas explosivas como pérdida de control, dificulta­des de concentración, incapacidad transitoria para el mantenimiento de las actividades de la vida diaria, imposi­bilidad para descansar y disforia.
 Dr. Jorge Montoya Carrasquilla
 http://www.homestead.com/montedeoya/duelos.html
Clinicas del Duelo

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